Quiero el equivalente chino de un documento de identidad

China parece una especie de utopía de las tarjetas de plástico. Antes de venir a vivir aquí, no creo que tuviera nunca más de tres: una tarjeta de cajero, una de crédito y mi permiso de conducir. Ahora tengo tres tarjetas de cajero, dos de gasolina, una de electricidad, una de metro/autobús, mi identificación laboral y dos tarjetas misteriosas emitidas por el Gobierno. Aún conservo las tres que tenía antes de llegar, lo que significa que ahora tengo al menos 13. Fácilmente podría haber olvidado un par.

Resulta que una de las tarjetas emitidas por el gobierno es para la seguridad social y la otra es mi permiso de trabajo para extranjeros.
Cuando obtuve la nueva y reluciente tarjeta de permiso de trabajo, mi empleador me aseguró que sería un milagro multifunción y «exactamente igual» que el documento de identidad de un ciudadano chino. Intenté usarla inmediatamente para ir a Tianjin y llegué hasta una ventanilla de la estación ferroviaria Pekín Sur. Quería comprar el billete en una máquina como lo haría un ciudadano chino, pero, por supuesto, no pude. La joven detrás del cristal, por lo demás encantadora, no tenía ni idea de para qué servía mi tarjeta.
Cuando llegué a Tianjin al día siguiente, resultó inútil para registrarme en un hotel y, cuando fui a inscribirme, la policía local no mostró ningún interés en él.
Lo que me lleva al tema de esta pequeña diatriba: a pesar de tener más plástico del que jamás podré usar, sigo deseando más.
Lo que realmente quiero es un documento de identidad exactamente igual al de un ciudadano chino.
Llevar el pasaporte encima todo el tiempo es sencillamente una locura. Yo solía llevar una fotocopia, pero algunos amigos han tenido problemas con eso y, cuando se refuerza la seguridad, también es necesario llevar el registro de alojamiento.
Un pasaporte es un documento muy caro. El mío costó más de 300 dólares. Perderlo causa enormes dificultades, no solo con los visados sino de muchas otras maneras. ¡Solo un tonto lo llevaría a todas partes!
Pero no se trata solo de riesgos, molestias y gastos. Cuando voy al banco, tomo un tren o intento registrarme en algo por internet, quiero que me traten igual que a los demás. Quiero que al recepcionista o cajero le resulte lo más fácil posible gestionar mi trámite.
Ya es bastante difícil para ellos lidiar con mis problemas de idioma sin tener que manejar además un documento extraño. Ser «raro» puede resultar muy agotador.



ORIGINALMENTE DE: http://www.globaltimes.cn/content/1101047.shtml
